Un día cualquiera
Korallo: Amor sin razón

Susi odiaba los fines de semanas,
los ratos de televisión, las salidas y las cenas con algún conocido, que a menudo resultaban decepcionante,
estaba harta de escuchar dramas personales, de convertirse en un contenedor donde el otro escupía todas las miserias.
Le resultaban patéticos los relatos sobre matrimonios que no funcionaban, que el no se se atrevía a romper por el peso de la inercia, de la comodidad, o del absurdo.
Eran narraciones repetidas que había oído docenas de veces de labios diferentes.
Se aburría escuchando historias de desamor.
Consideraban ofensivas las invitaciones para practicar sexo furtivo.
Cuando, vencida por la necesidad de compañía o de un orgasmo, había aceptado una propuesta, siempre se había sentido estafada. La aventura resultaba un fraude, y
el orgasmo una falsa ilusión.
Mientras el amante de turno se vaciaba dentro de ella, se quedaba con las ganas. El otro se dormía en seguida -nunca había entendido la facilidad que tienen los hombres de conciliar el sueño después de eyacular-, y ella miraba al techo haciéndose preguntas que no tenían respuesta.
Insatisfecha, intentaba masturbarse. A veces, con timidez; a menudo, con indiferencia hacia el que tenia a su lado. No llegaba al climax. Era incapaz de dejarse llevar, castigada por un cerebro que le negaba los espasmos del gozo.
Había protagonizado la misma escena muchas veces, como si fuera un actor que sale al escenario, a repetir un texto, haciendo pausas en los lugares correctos para respirar....
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Susi estaba harta, necesitaba un cambio radical.
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extracto del libro: Pasiones romanas (M.de la Pau)
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